La historia

Day 10 & 11: Sag Harbor (East Hampton)

Después de estar sufriendo una seria adicción a las compras, he decidido escapar de la gran ciudad e irme a Los Hamptons.

Como futura heredera de la fortuna de alguien según la abuela del mago Zoltar, debo conocer los Hamptons ya que en un futuro compraré ahí una casa donde pasar mis fines de semana.

A las 06.45 de la mañana ha sonado el despertador y de golpe me he levantado de un salto.

Mi autobús de la compañia Hampton Jitney salía a las 8.45 de la mañana delante de Bloomingdale´s (Lexington & 59th) y en tan sólo 2 horas llegaba a Sag Harbor (un pequeño pueblo al este de los Hamptons)
Como premio a un año lleno de lágrimas decidí reservar una noche en el Hotel Sag Harbor Inn, justo delante del puerto. Un pequeño hotel arquitectónicamente muy americano que ofrece un ambiente cálido y veraniego.

Al ver que la habitación mide más que mi piso de Barcelona, me sentí libre como un pájaro y me tiré literalmente encima de la cama con los brazos extendidos, dándome las gracias por estas 3 maravillosas semanas.

Al salir del hotel y dar una vuelta por Main Street, calle llena de tiendas, cafeterías y restaurantes, decidí que era la hora de comer. Mi horario de comidas en este viaje siempre está entre las 12h y las 15h. Todo depende a la hora que me levante y el tipo de desayuno asimilado.
Elijo sitio y decido comer en el American Hotel, el hotel más antiguo de Sag Harbor. Tiene tan sólo 8 habitaciones y el restaurante ofrece una terraza a pie de calle. Me senté en mi mesa como una princesa. Cuando empecé a mirar los precios del menú, una palabra salió de mi cabeza para darme una torta en toda la cara, “Idiota”. Idiota por no haber mirado los precios antes de sentarme. Todo lo que veía eran cifras como 140$, 90$, 120$. Al borde del pánico y de no saber qué hacer, tan sólo tenía dos opciones, levantarme y salir corriendo o desmayarme para luego acabar tumbada en el sofá del lobby, no comer nada e irme a los 10 minutos.

Por arte de magia, en un rincón de la carta leí : “Week days special lunch: Soup, salad & sandwich 15$”. Fué como descargar un carguero con 13 mil toneladas de tensión.

Ha sido el mejor sandwich de Roast Beef con Mostaza Dijón que he probado nunca.

Al acabar con mi lujoso sandwich acabé de dar una vuelta, me tomé una copa de vino blanco en la terraza del yatch club, compré una bandeja de Sushi y volví al hotel.

Antes de deborar los sashimis de la cena, investigué la parte del puerto que tenía justo delante de la habitación y de repente encontré lo inesperado, una pequeña playa desierta con dos sillas blancas mirando el atardecer. Fue tal la emoción que me quedé sentada en aquella silla hasta que oscureció.

Después de haber estado una hora contemplando el paso entre el atardecer y el anochecer, decidí volver al hotel, cenar en mi pequeña terraza y descansar.

Day 11

Al día siguiente, después de acabar con todo el buffette del hotel y de tragarme un programa entero acerca de la vida de Charlie Sheen y Lindsay Lohan, empecé el día en mi playa. Una hora estuve sentada en aquella silla, escribiendo todo aquello que se me pasaba por la cabeza.

Decidí hacer mía esa playa y volver cuando consiguiera llevar a cabo mi deseo.

Después de una hora de meditación  fui a buscar la playa de Havens Beach, a 15 minutos caminando del centro del pueblo.

Al llegar a la playa no pude tomar el sol debido al fuerte viento, pero aún así disfruté sentada una media hora.
Seguí caminando por el pueblo y alquilé una bicicleta en una tienda de Main Street. Quería probar suerte y ver si algún millonario con cuerpo de infarto, más guapo que Brad Pitt, me atropellaba. Debido al leve accidente, tendría que ser atendida en una de las habitaciones de su palacio durante tres o cuatro días,  hasta que mi pierna derecha estuviera completamente recuperada.

Pero no fué así, después de casi ser arrollada por uno de los jardineros de una de las mansiones de mi hombre imaginario, di por finalizada mi pequeña excursión.

Una hora fué suficiente para dar una vuelta por los alrededores y ver las majestuosas casas de la gente que reside ahí.

Tenía pensado comer en un italiano no barato y darme un homenaje, cuando… de camino pasé por delante de un cartel que ponía “Organic Food, please support our farmers.”

Gracias a mi alma caritativa, cambié de planes y decidí ayudar a esa gente comiéndome sus verduras. El sitio se llama Organic Café y está justo camino del puerto. Mi plato llamado”Baby Buddah” estaba compuesto por algas, arroz integral, judías verdes insípidas y demás cosas naturales sin ningún tipo de aliño y encima todo hervido. Mi estómago estaba descontento. Una de las cosas buenas de este viaje es comer todo aquello que se me antoje y ese no era precisamente el plato que más me apetecía.

Acabé de comer, di una vuelta y visité The Custom House (912 Main Street – entrada 5$). Una casa construída en el 1765 y habitada en su época por el primer oficial en el estado de Nueva York que se encargaba de gestionar las tasas de los barcos mercantes que entraban en Sag Harbor. En esa casa vivían 9 niños, el matrimonio y  5 personas de servicio. Después de ver la casa no entiendo donde cabía tanta gente.

Tomé una copa de vino blanco en el mismo sitio del día anterior y de esta manera di por finalizados mis dos días en Los Hamptons.

Ha sido un pequeño gran viaje recomendado a todo el mundo que esté visitando Nueva York.

Sigue leyendo –  Day 12: Sin rumbo

 

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