Neus Montaña

Profesora

Viajar sola a Nueva York me ha demostrado lo lejos que puedo llegar si me lo propongo. Los últimos 3-4 años han estado llenos de cambios. Unos cambios que han hecho redescubrirme a mi misma, comprobar que soy más fuerte de lo que creía. Y el hecho de viajar sola ha sido como el colofón. A medida que vas descubriendo la ciudad y conoces gente, también vas conociéndote más a ti misma.

Miedos no tuve muchos, aunque los pocos que tenía, desaparecieron al poco tiempo de llegar. Mi mayor preocupación fue el viaje en avión, y no por el mero hecho de volar, sino por tener que pasar ocho horas allí dentro… Las películas y el constante vaivén de las azafatas repartiendo comida, las hicieron más llevaderas. Otro miedo que tenia era el de pasear sola por la calle en plena noche, pero luego pude comprobar que es una ciudad en la que te sientes ¡tan segura! que no tienes que preocuparte.

Llegué un 15 de agosto al mediodía. Nada más llegar, ya viví mi primera de muchas aventuras, en el metro. Allí tenía que coger el tren lanzadera de la terminal JFK hasta Jamaica Station, donde enlazaría con el metro hasta Times Square. Al llegar me encontré con varias estaciones cerradas, por lo que me las tuve que apañar para coger un autobús hasta la siguiente estación abierta. El resultado, una inesperada e improvisada ¡ruta turística por Queens! Pese a la preocupación del primer momento, una vez sales del subway y ves esos rascacielos interminables, la sensación es increíble…

Más que lo que sentí… sería lo que no sentí. En ningún momento tuve la sensación de estar sola, siempre hay alguien que te da conversación o pregunta si necesitas alguna cosa. Por ejemplo: allí conocí a una chica de 19 años china que casualmente también estaba viajando sola, por lo que aprovechamos para pasar la tarde en compañía; mi compañero de piso me invitó a su fiesta de cumpleaños y con él  fui a ver un musical en Broadway; o una mujer que me explicó sitios para visitar por Little Italy o el SoHo, y de paso me invitó a ir a su iglesia al día siguiente… entre otros.

Me alojé en un apartamento compartido a dos avenidas de Times Square, en la 9th Avenue con la 44th.

Para mí también ha sido un antes y un después. Es más, creo que una pequeña parte de mí se ha quedado allí, o al menos, es la sensación que tuve de camino al aeropuerto. Solo el hecho de viajar ya te abre la mente y permite ver las cosas de forma diferente. Si encima es sola y a una ciudad como Nueva York, te cambia sí o sí.

Aprovecha la oportunidad, tanto si quieres ir a visitar la ciudad por vacaciones como si necesitas un punto de inflexión en tu vida. NYC nunca decepciona, te genera unas sensaciones que no sentirás en ningún otro sitio, supone abrir la mente a otras maneras de pensar o hacer. Una filosofía de vida diferente. Ir sola te permitirá poder integrarte de una forma que no harías con más gente. Podrás convertirte en toda una newyorker desde el primer día.

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