La historia

Day 22: See you soon….

Cuando se acaba un viaje no haces más que pensar en el siguiente, en otro destino y que tienes que esperar un año entero para volver a vivir una situación como la que acabas de finalizar.

Esta vez es diferente, no pienso en otro destino,  sino en volver. Volver y quedarme para que Nueva York no vuelva a formar parte de mis destinos vacacionales sino en mi hogar.

Me he levantado por última vez en esa cama tabla de Brooklyn.

Después de desayunar en el sitio de los bagels de siempre, he vuelto a dar una vuelta por Prospect Park, he ido a Carroll Gardens para despedirme y me he vuelto a adentrar en el West Village. Está vez sin comprar y con una alergia a las tiendas tremenda.

Toda la mañana ha sido extraña, no sólo porque el día que tengo que volar me pongo histérica debido a que me aterrorizan los aviones, sino también por mi vuelta a la realidad.

He estado 3 semanas sola conmigo misma. A pesar de mis dos días de bajón, no me he sentido sola ni un minuto, un estado que voy a echar mucho de menos ya que en Barcelona me siento sola día tras día. Mi ritmo de vida me arrastra a la soledad. Puedes sentirte solo aunque  estés rodeado de amigos y familia.

Siempre he creído que la energía que me da Barcelona no es compatible conmigo, que yo no pertenezco a este lugar. Es mi casa, sí, pero aquí no voy a encontrar todo lo que ando buscando.

Probablemente en un futuro Barcelona sea el sitio donde deba estar, pero ahora sé que debo marchar.

Después de haber tenido mi última comida en una Deli y de haber hecho un tour express por el Village, he regresado a Prospect Park con una pena enorme para intentar cerrar la maleta.

Con todo recogido y con tiempo para relajarme, decidí reservar online un taxi para las 17:00h.

Bajar a la calle la maleta, una bolsa de deporte llena de cosas y el ordenador,  no ha sido tarea fácil.

Me he sentado en las escaleras con todos mis bártulos y he esperado 10min, 15min, 25 min, 30 min, 35 min, ni rastro del taxista. Me he empezado a poner nerviosa  y a pensar como demonios coger un taxi en ese barrio.

Envuelta en una desesperación total, he pensado que la mejor opción era ir al aeropuerto en metro. Llegaría un poco justa, pero llegaría, así que he cogido la maleta, la bolsa y el ordenador y cuando he empezado a caminar, automáticamente he notado que el brazo se me arrancaba del cuerpo. ¿Cómo iba a mover eso?, ¿Cómo narices iba a mover todo eso?.

Sólo sentía pánico de perder el avión y de quedarme en la ciudad sin un duro.

Al ver a una señora que venía, le pregunté como podía conseguir un taxi. Amablemente me dió el número de teléfono de una compañía de taxis y como un ángel caído del cielo, a los diez minutos el taxista estaba en la puerta.

Entro en el taxi y me doy cuenta que sólo llevo 2$ en cash. Le pregunto si acepta visa y me dice que sí, pero que tengo que darles la información de mi tarjeta a la oficina central para que lleven a cabo el pago. Sentada en el taxi y camino al aeropuerto, empecé a cantar a un extraño los números de mi tarjeta de crédito. De repente mi mayor pesadilla se hizo realidad cuando me dijeron que la operación salía denegada. Probé con mi tarjeta de débito sabiendo que ni de coña iba a poder pagar y claro estaba, otra vez, operación denegada.

Sólo podía sentir terror, impotencia y un gran puteo hacia mi persona por estar viviendo esa situación. El pobre taxista se ofreció a parar en una tienda cercana con cajero a ver si había suerte. Bajé del taxi dejando todas mis pertenencias con un extraño y fui directa a la ATM.

Meto la tarjeta, introduzco mi pin, solicito sacar 60$ y espero a que finalice el proceso de verificación. Oigo como se imprime un recibo y como en la pantalla aparece una frase que dice “Esta operación no se puede realizar” . Cojo el recibo y leo “Insufficient Funds”.

Repito la operación otra vez sin suerte. Con las manos temblando y casi en estado de shock al saber que no podía pagar al taxista, me quedo plantada ahí con el recibo en la mano y mirando al suelo y sin pensarlo dos veces me dirijo al pobre paki que estaba conectado a internet y le digo “I need to use your computer”. El pobre hombre me mira con  cara de “What??“, me lo cede duditativo e introduzco la URL que debí haber chequeado hace una semana:  www.bbva.es .

Pasan 30 segundos y la conexión acaba cortándose.

¿Que hago?. ¿Me quedo a vivir con el Paki? Con el Taxista? ¿Me meto en una iglesia? ¿Vendo mis pertenencias? ¿Duermo en un albergue de acogida?.

Sólo había una solución. La solución que todo hijo en un momento de crisis hace. Llamar a papá.

“¿Hola Papá que tal, como estáis…oye que…la tarjeta no me funciona… es que no me pasa y  no tengo efectivo, me pasas los números de la tuya?. Es una emergencia.”

Traducción: “Hola Papá, se me ha acabado el crédito de mi tarjeta y he decidido que no voy a comer en los próximos 2 años. Creo que estoy enferma y que debo ser una shopaholic de las grandes. Pero a parte de esto todo bien. ¿Me prestas 38$?.”

Familia, siempre está ahí cuando más la necesitas.  Descargo 4 toneladas de tensión cuando la central da por aprobada la operación.

Llego al aeropuerto y casi sin darme cuenta ya estoy sentada en el avión, sin un duro, pero feliz.

No me creo que ya hayan pasado esas 3 semanas, 3 semanas sola en Nueva York,  3 semanas que las voy a recordar toda mi vida como el viaje que aprendí a que estar solo no es malo, sino una oportunidad que nos brinda la vida a conocernos mejor y a afrontar desde otro punto de vista nuestra vida.

Ahora toca regresar y llevarme conmigo toda esa magia recogida durante estos 22 días. Vuelta a mi vida, pero a mi nueva vida porque algo nuevo tan sólo acaba de empezar……..

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